En el libro de los «7 hábitos para la gente altamente efectiva» de Stephen R. Covey, hay una mención a un hábito que no deberíamos de descuidar pues trata de la mejora continua, de la renovación, de tomar un tiempo para revisar y actualizar nuestras metas y objetivos. Bajo la denominación «afilar la sierra», nos pone un ejemplo de lo que puede significar estar cortando un tronco sin antes haber afiliado la sierra convenientemente. ¿Imaginemos el tiempo que estaríamos perdiendo intentando cortar esa rama con una herramienta en malas condiciones?

En innumerables ocasiones nos obcecamos en actuar de una determinada forma aún a sabiendas que no es la mejor manera o que tal vez si nos detuviéramos un poco de tiempo para ver el problema o dificultad con cierta perspectiva, tal vez obtendríamos una visión más completa de la situación. El dicho «los árboles no nos dejan ver el bosque» resulta clarificador cuando nos encontramos agobiados con una situación que nos parece infranqueable pero que visto desde fuera, tal vez pasados unos días u horas, no era nada más que un grano de arena en vez de una montaña como nos pareció.
De ahí lo importante de no rumiar en exceso las cosas, de pedir ayuda o consejo a personas que nos rodean, amigos o familiares, incluso a profesionales si así lo requiriera el asunto. Es fácil para muchos encerrarnos en la «cueva» esperando que todo pase, haciéndonos las víctimas o considerándonos los seres más gafes del mundo.
Posiblemente, con la educación que hayamos recibido, o la que nos hemos procurado a lo largo de nuestra vida, contemos con una buena «caja de herramientas» para sortear cualquier clase de dificultades o retos, pero claro hay que saber usar cada herramienta en su momento y con la precisión que se requiere. La teoría es fácil pero la práctica es más costosa, requiere constancia, hay que hacerla rutinaria, como si fuera una respuesta automática y no repensada y obligada. Si no somos conscientes de qué parte del zapato nos aprieta no vamos a ser capaces de poner en marcha esos recursos internos que seguro tenemos.
Seguro que somos más críticos con los demás, rápidamente somos capaces de aconsejarles y ver qué les ocurre. Pero con nosotros… «vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el nuestro». Si escucháramos por un momento lo que nuestras amistades o familiares dicen cuando no estamos posiblemente nos sorprenderíamos, o tal vez no tanto, porque a poco que nos detengamos seguro que algunas de las cosas que dicen ya las habíamos sospechado (detectado) en nuestro interior.
Instaurarse o refugiarse en una zona de confort ante la que los problemas nos resbalen o pasen de largo, como si no fueran con nosotros, no es ninguna solución, antes al contrario, es desaprovechar cientos de oportunidades de mejorar, de avanzar, de afrontar retos y superar adversidades que nos coartan y nos anclan al pasado, a antiguos métodos que tal vez en su momento valieron pero que ahora ya no nos benefician. Es como esa medicina que cuando somos niños nos funciona pero que al pasar a la edad adulta hay que ampliar la dosis o cambiar de fármaco. Nuevos tiempos requieren nuevos planteamientos, hay que reinventarse, desde la posición actual, dando pequeños pasitos para mejorar o que ahora nos cuesta horrores, pero que si tenemos constancia veremos que es posible dejarlo atrás. Algo tan sencillo como reflexionar, ver qué no funciona y qué sí, dejar hábitos que nos esclavizan con pequeños avances en sentido contrario… es darle valor a los pequeños cambios que sumados harán mejoras sólidas y tangibles. Como siempre el primer beneficiado es uno mismo, qué mejor inversión…
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