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Miedo al amor

skeletal-601213_640En ciertos ámbitos de nuestra vida hemos recibido una educación que nos ha marcado profundamente, de alguna forma nos han infundido ciertos sentimientos hacia aspectos tales como el contacto con los que nos rodean, sea en forma de caricias, muestras de cariño, o hacia temas como el amor y el sexo, que nos hacen ver que estos aspectos tan necesarios en nuestra vida tienen un componente de negatividad: o bien son tabú, o se consideran censurables y sucios, que no han de mostrarse en público, etc., etc.

Esa continua censura hacia esos aspectos naturales nos han hecho perder la verdadera profundidad que pueden tener en nuestras vidas y los hemos disfrazado u ocultado ante los ojos de los demás por miedo al que dirán, al castigo, a que puedan considerarnos libertinos o en contra de lo moralmente o socialmente aceptable. Afortunadamente, los tiempos están cambiado y ahora la educación, en determinadas sociedades, les da un valor más positivo. Hay mucha y buena información al respecto pero, de alguna forma, subyacen todavía ciertos componentes restrictivos que nos impiden hablar con naturalidad o expresar nuestros sentimientos sin temor.

Buena prueba de ello es que nos cuesta abordar ciertas cuestiones con nuestros hijos o hijas. Esa incomodidad que sentimos también se la transmitimos y perciben inseguridad, represión o incluso hipocresía, pues hasta cierto punto nos olvidamos que también hemos sido jóvenes y queríamos que nuestros padres no se inmiscuyeran en nuestros asuntos u opiniones.

Debemos ponernos las pilas, como se dice ahora, para actualizar nuestros puntos de vista y creencias, alejándolas de prejuicios, complejos, miedos o culpabilidades sin sentido. Pues todo aquello que sentimos también lo transmitimos y nuestro mensaje ha de quedar exento de esas «censuras» sin derecho a réplica a la que la educación de la época nos sometió en el pasado.

No debemos tener miedo a expresar nuestros sentimientos, en especial si estos tienen que ver con aspectos positivos. A los hombres les suele costar un poquito más que a las mujeres mostrar ternura o ser románticos, quizás por el rol educativo que cada sexo ha desempeñado hasta hoy. Parecía que esas muestras se confundían con debilidad o sensiblería barata, afortunadamente hoy la juventud es más abierta y no se fija tanto en el qué dirán. Esto no quiere decir que no haya que someterse a ciertas normas de buen gusto que son lógicas en sociedades civilizadas, nuestra libertad para actuar debe tener el límite del respeto a los demás. Así pues, si sabemos que ciertos comportamientos pueden ser molestos o censurables por personas de otras creencias o simplemente por diferencia generacional, en cierto modo sería posible evitarlos sin menoscabo de nuestro libre albedrío.

No tengamos temor a mostrar cariño a los que nos rodean, a la misma naturaleza: animales, plantas o entorno. Si nos dejamos llevar seguro que esos sentimientos nos salen de forma natural. En vez de dar cabida a otras actitudes de rechazo, negatividad, represión, inadaptabilidad, mal humor…, dejemos que fluya la energía positiva de nuestro interior hacia el exterior. Así será posible percibir lo mismo en todo lo que nos rodea.

Es importante abordar todo aquello que nos suponga un esfuerzo o constituya un problema con mentalidad positiva sin dejar que limite nuestra capacidad de amar, de entender que algo bueno se pretende con la dificultad a la que nos enfrentamos. Por ejemplo, en una discusión podemos dejarnos llevar por lo acalorado del momento y ver todo lo negativo o, por el contrario, entender que todos tenemos momentos malos, que no tenemos la razón en todo, que hay que valorar también el entendimiento que podríamos lograr con ello. En resumen, tener el control de nuestra vida pasa por dejar que determinados sentimientos o sensaciones tengan más peso que otras, contagiándonos de valores afectivos impediremos que otras cuestiones perjudiciales nos manipulen y nos lleven a su terreno.

El amor hay que demostrarlo siempre, pero en especial cuando se está atravesando una crisis o hay problemas, es ahí cuando toma mayor valor y se consiguen logros inimaginables.

 

Francisco Muñoz Blanqué (mayo/2011)

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